sábado, 9 de enero de 2016

Un número especial para leer en la arena

La creación de Guillermo Saccomanno y Domingo “Cacho” Mandrafina es, dice el dibujante, un relato reflexivo sobre la historieta argentina. E incluye referencias a Mort Cinder y La llamada del Cthulhu, de Lovecraft: el famoso “libro del mal” no es otro que el Necronomicón.



Los lectores habituales de Fierro saben muy bien que a intervalos regulares la revista publica libros enteros. En los momentos de transición de su “programación” habitual, cuando terminaron la mayoría de sus series y a la espera del lanzamiento de las siguientes, aparece una historia extensa (novela gráfica, como gusta decir Don Marketing). Un “especial verano”, en este caso. Y si alguna vez salieron títulos inéditos en la Argentina de Carlos Trillo, el 2016 fierrero arranca con el lujo de leer a Guillermo Saccomanno y Domingo “Cacho” Mandrafina juntos.
Es que la Fierro que acompaña a Página/12 desde mañana en todos los kioscos trae Leopoldo: el libro del mal y otras historias, con el arco argumental más extenso de todos los publicados por la dupla en el suplemento Historietas Nacionales que funciona hace más de cinco años como parte del diario Reporte nacional de la agencia nacional de noticias Télam, que se puede leer y descargar gratuitamente cada sábado. Del suplemento participan otras figuras de la historieta argentina como El Tomi, Carlos Gómez, Ignacio Minaverry, Luciano Saracino, Esteban Podetti, Lucas Nine, Diego Páres, Gustavo Sala, y los propios Saccomanno y Mandrafina.
Las 72 páginas que los lectores de Fierro podrán disfrutar desde mañana incluyen dos historias cortas en las cuales el protagonista Lutz recuerda hechos históricos argentinos (Guerra de Malvinas y bombardeo a Plaza de Mayo de 1955, con un “cameo”-homenaje de Mort Cinder) y un arco argumental más extenso en el cual los autores vinculan la aproximación histórica desde la anécdota íntima, habitual de la serie, con la cosmogonía lovecraftiana. Y cualquiera que sepa algo del terrorífico autor de Providence imaginará que ese “libro del mal” del cual habla el título de la historia no es otro que el mismísimo Necronomicón del árabe loco Al Hazred.
El propio Mandrafina cuenta que el relato es reflexivo sobre la historieta argentina. Se pliega, por así decirlo, sobre los grandes maestros: Héctor Germán Oesterheld, el Viejo Breccia. Ahí se entremezclan anticuarios, dioses antediluvianos inefables, misterios. “A veces la temática te ayuda o te motiva, o te interesa acercarte de otra manera, y se nos ocurrió armar una historia que tuviera que ver con nosotros, con lo argentino desde la ubicación física que parte de Buenos Aires, pero además seguir girando sobre la historieta misma como tema”, explica el dibujante y lista de memoria varias de las referencias principales que el buen entendedor apreciará en las páginas: Mort Cinder, Sherlok Time, La llamada de Cthulhu. “El esquema de bibliotecario o anticuario remite un poco a Mort Cinder, aunque con los roles de protagonismo invertidos, y aquí Leopoldo es un chico y en verdad se trata del coprotagonista”, señala Mandrafina.
Leopoldo es una de las colaboraciones más extensas entre Mandrafina y Saccomanno, que llevan tres décadas trabajando juntos, pese a algunos intervalos. El público los conoce mejor por El condenado (parcialmente reeditado en Argentina hace unos pocos años, pero muy vigente en Italia). Sus otros trabajos conjuntos, hasta la aparición de Historietas Nacionales, eran pequeñas historias unitarias. “Esta historia surgió de los que nos faltó de tantos años de laburar juntos, que era generar una historia que tuviera que ver con nosotros mismos”, cuenta y confiesa que ése fue un argumento determinante para convencer al escritor de sumarse al proyecto, pues por entonces Saccomanno salía de un trance de salud y todavía estaba recuperándose.
Experta en historietas “con continuará” (como le gusta decir al director de la revista, Juan Sasturain), la dupla montó un sistema que les permitía enlazar anécdotas y aventuras históricas desde el recuerdo en una sucesión potencialmente infinita de tiras. “El esquema básico es el personaje Lutz, el anticuario, que tiene todo un pasado ligado a hitos históricos que fuimos usando argumentalmente para tocar esos temas con movimientos en el tiempo.” Luego sobrevino un cambio de formato que posibilitó construir historias más cerradas. “Fue cuando tomamos lo de Lovecraft que se armó un cuerpo argumental con más posibilidades de desarrollo largo”, señala Mandrafina, quien asigna a su compañero el mérito de abordar la obra del creador de los mitos de Cthulhu.
Desde su mirada de dibujante, y aun sin ser un fanático de Lovecraft, Mandrafina encuentra en su literatura y las referencias que de ella derivan la posibilidad de construir “climas de relato que generan una historia que me atrae”. “Al margen de lo literario, este autor también está ligado a la historieta, no sólo porque la hay a montones, sino porque está vinculado a la clásica adaptación de Breccia, que nos marcó mucho profesionalmente en los años 70, así que Leopoldo tiene una tendencia a reiterar cosas, a hacer citas que tienen que ver con el lenguaje mismo de la historieta”, reflexiona Mandrafina. Además, destaca que el propio Necronomicón les permitía “tocar los hechos tremendos como el bombardeo a Plaza de Mayo” y cosas personales del protagonista. Sin anticipar nada de la resolución de la trama, Mandrafina sugiere prestar atención a las últimas viñetas de la historia. Allí, confiesa, su inconsciente deslizó una última referencia a la época histórica, que los minuciosos podrán disfrutar tanto como si fuera intencional. “Debe ser el espíritu de época”, especula. Será cuestión de leer y descubrir.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/18-37680-2016-01-08.html

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