martes, 20 de diciembre de 2011

Mandrafina: “En la historieta la narración es fundamental” (Planeta DeAgostini. 2008)



SÁBADO 17 DE DICIEMBRE DE 2011

Entrevista a Domingo “Cacho” Mandrafina: “En la historieta la narración es fundamental” (Planeta DeAgostini. 2008)


Transcribimos la entrevista realizada al maestro “Cacho” Mandrafina por Daniel Ferullo, publicada en el cuarto tomo de “Spaghettti Bros” (Planeta DeAgostini. 2008) compartiéndola, de esta manera, con todos los seguidores de “El lector de historietas”. (Gabriel Zárate)

Por Daniel Ferullo

¿Cómo ingresa al mundo de la historieta?

Supongo que como todos, como lector. Leí El Tony, elPatoruzito, el Pato Donald y el Chapaleo, de Ferro;todo eso. Los leía desde que aprendí a leer a los seis años. Leía con frecuencia y con gusto, eso fue lo fundamental.

¿Y como dibujante?

Dibujaba como todos los chicos, con la diferencia de que yo seguí dibujado (risas). Cuando descubrí a Randall, deArturo del Castillo, tomé conciencia de que quería ser dibujante de historietas. También me di cuenta de que quería serlo desde mucho antes. Venía intuyendo que algo me pasaba con la historieta cuando veía en Patoruzitolas cosas de Alberto Breccia, especialmente Vito Nervio. Eso era a mediados de los 50.

¿Tuvo alguna formación como dibujante?

Como hicimos todos los que empezamos a dibujar de pequeños, era autodidacta cuando dibujaba y copiaba todo lo que encontraba (risas). En el año 68 empecé a estudiar en el IDA (Instituto de Directores de Arte) una escisión de la famosa Escuela Panamericana de Arte. Pero pretendía orientar el dibujo para el lado de la publicidad. Estudié dibujo un año con Ángel Borisoff y se empezó a ver que mi dibujo tenía más que ver con la historieta que con la publicidad. También estudie con Pablo Pereyra y, de a poco, fui dejando ese intento de ir para el lado de la publicidad y fui volviendo a la historieta. Charlé conBreccia y me convenció de que lo mío era la historieta. Hice el curso con él y ahí comenzó todo.

¿Cuáles fueron sus primeros trabajos? 

Empecé primero con trabajos sueltos, con Medrano, un dibujante que tenía un contacto con EEUU. Luego fui ayudante de Lito Fernández durante un año. Ese año con Lito fue fundamental para poder trabajar. Ahí incorporé realmente lo que es la profesión. Hasta entonces no había tenido ningún desarrollo profesional, tenía muy poca experiencia. A todo esto yo había estado haciendo pruebas para poder entrar a trabajar a Columba, que era la editora de referencia en esa época. Trataba de hacer un estilo similar al de Stan Drake para entrar enIntervalo.

¿Y su primer personaje? 

Primero me dieron historias sueltas, unitarias. Luego, después de tres o cuatro años, me dieron mi primer personaje, que fue Flavia Mazzini también para la revista Intervalo. Fue un personaje heredado, la guionista era una mujer, o por lo menos firmaba como una mujer. Me sirvió como una gran experiencia. Debo admitir que en esa época yo le robaba bastante a Víctor de la Fuente, que publicaba en la misma Columba. Trataba de adaptar ese estilo duro y expresivo que él tenía, a los temas románticos. Le robe durante mucho tiempo, (risas) Lo de Flavia Mazzini habrá durado unos tres años, más o menos. Después empecé con las adaptaciones de películas, también para Columba.

Luego, en el 78, llegaría Savarese con guiones de Robín Wood, personaje que los consagra y lo da a conocer popularmente primero en Argentina y luego en Italia. 

Si, mis primeros trabajos más conocidos fueronSavarese, con guión de Robín Wood para la revistaD'Artagnan (Editorial Columba) y El Condenado, con guión de Guillermo Saccomanno, para la revistaSkorpio (Ediciones Record). Se publicaron simultáneamente.

En esa época ya se puede hablar de “un estilo Mandrafina”.

Supongo que eso se gesta en Savarese. Creo que la continuidad del personaje a través de tantos años (se publicó interrumpidamente desde 1978 hasta 1989) fue lo que desarrolló eso que el lector puede identificar como “estilo Mandrafina”. En mi caso, el estilo se da por una conjunción de cosas q se van agolpando por acumulación de trabajo. Iba resolviendo los problemas a medida q se presentaban. Esa acumulación de trabajo es lo que creo que consolida una forma de dibujar que se puede identificar. Por eso creo que en Savarese es donde se consolida mi forma de contar.

En eso influye mucho Robín (Wood), que posee una gran fluidez en el relato, lo cual permite trabajar muy rápido. Personalmente no soy de darle mucha importancia a los pedidos específicos de los guionistas. Me gusta dar una visión diferente. Armo como un contrapunto entre la sugerencia del guionista y lo que yo quiero ver de la historia. Pero las historias de Robín se cuentan solas. Era extraordinario como –aunque yo no hacia el enfoque que pedía el guión– la historia, los diálogos, la manera de pasar de una escena a otra y los personajes, todo hacia que fuera muy sencillo contarlas.

El Condenado fue casi simultáneo con Savarese. EnSkorpio había hecho unitarias, de aventuras y policiales con guiones de Saccomanno y Zappietro (Ray Collins). El Condenado era una especie de historia similar a El Fugitivo y Papillón. Era un tipo acusado de un crimen que no había cometido, se fugaba de la cárcel, y empezaba su aventura. En la actualidad se publica una segunda etapa en Francia que ya superó ampliamente, en cantidad de páginas, a la etapa original. Se publica bajo el nombre de Cayenne.

Luego, ya a finales de los 70, cominea su relación con Carlos Trillo con las “Historietas Mudas” para Superhumor. 

Si, fueron mis primeras colaboraciones con Carlos.Después fue el guionista con el que más he trabajado.

Usted que ha trabajado con los mejores guionistas como Wood, Trillo, Saccomanno ¿tiene alguna preferencia por alguno de ellos?

No. Preferencia, la verdad que no. Yo trabajo exactamente igual con cualquier guionista. Con Trillo hubo, y hay, más continuidad profesional. De esa manera, con él surgió la colocación del material en Europa. Se ha transformado en una certeza y en una continuidad de trabajo que hace que todo se de fluidamente.

Con él realiza Cosecha Verde uno de sus trabajos más aplaudidos 

A mí también me gusta. Disfruté mucho al hacerlo, fueron más de 120 páginas y tenía ganas de hacer algo de largo aliento, tipo folletín, y de publicación en episodios. Tenía la intención hacerle sentir al lector la secuencia y los tiempos del “continuará” (aunque finalmente no se haya publicado de esa manera). Eso fue uno de los motivos que más me entusiasmó. Junto con todo lo demás: la historia en sí, la ambientación. Y otra historieta que me gusta tanto, o más, es El Iguana, el “desprendimiento” del personaje deCosecha Verde.

¿Tiene algún método de trabajo?

No tengo un método de trabajo, soy desordenado. En general trabajo del modo clásico: lápiz primero y luego pasado a tinta. No trabajo con ayudantes, tuve algunos por dos o tres años pero para el trabajo pesado, cortar las láminas, preparar el papel, ese tipo de cosas. Incluso en una época hacia historietas de distintas medidas de originales, lo cual me creaba más problemas q el hecho de cambiar de serie. Yo soy muy lento dibujando. Actualmente estoy produciendo unas veinticuatro páginas al mes. Pero en forma completamente irregular. Por ejemplo en una semana hago dos páginas a lápiz y en tres semanas hago todo el resto. O a veces hago todo en quince días.

¿Y en cuanto a la forma de narrar?

En mis dibujos me gusta utilizar los buenos recursos del cine. Hay gente que por producir un impacto visual pierde la narración Y la narración en la historieta es trascendental. Experimenté con varias formas de narrar. Por ejemplo cuando hicimos con Carlos Trillo la serie“Historias Mudas” para Superhumor, donde no había cuadros explicativos ni “globitos” de diálogo. También probé narrar dividiendo la página en cuadros iguales en Savarese, en El Condenado y también enSpaghettti Bros.

Hablemos un poco de Spaghettti Bros.

Nace para la editorial italiana Eura que publica las revistas Lancio Story y Skorpio. El nombre original era Los Fratelli Centobucchi, pero en Italia le cambiaron el nombre por Spaghettti Bros. Parece que para ellos la palabra Centobucchi tiene ciertas reminiscencias distintas de las que pensamos nosotros. Por “buco” que en italiano significa “agujero” y “cento” “ciento”. Para ellos tiene un significado que no es muy elegante y prefieren obviar (risas). Spaghettti Bros es, después de Cosecha Verde, la obra que mejor ha funcionado en Europa, sobre todo en Italia y Francia.Tuvo incluso una secuela, o una versión distinta, en Los Viejos Canallas. Recontamos la misma historia desde los ojos de uno de los descendientes de la familia. Esa fue una buena idea de Carlos y quedó muy bien.

¿Cuales la mayor dificultad que se le presenta al encarar un nuevo trabajo?

Lo que más me cuesta es cuando tengo la hoja en banco al frente, pensar como narrar, como diagramar la pagina; una vez resuelto eso lo demás es más fácil. Cuando realizo personajes por mucho tiempo me cansan, pero, cuando dejo de hacerlos, los extraño. La ventaja de hacerlos por mucho tiempo es el conocimiento que ya poseo de ellos.

¿Qué opina del comic de superhéroes?

Yo me crié con El TonyEl Gorrión y Patoruzito, la moda de los superhéroes cambió el mercado. El Mangapor ejemplo no me gusta para nada. La historieta erótica me aburre. Debo reconocer que no soy un gran consumidor/lector de historietas, no puedo sacar una conclusión sobre el cómic actual porque lo último que leí con entusiasmo de lector fue el Corto Maltés de Pratt,especialmente La Balada del Mar Salado. Mis gustos son más clásicos, me gusta la historieta norteamericana del 50, el Alack Sinner de Muñoz, el Mort Cinder, yEl Eternauta de Breccia, prefiero ese tipo de material.

¿Qué otros dibujantes le gustan o influenciaron en su trabajo?

Los que más me gustan son todos tipos de mi generación. Aparte de Muñoz y (EnriqueBrecciaOswald, un dibujante que no tiene el reconocimiento que se merece. Me parece extraordinario como narrador, como historietista. Después internacionalmente Alex Toth es el que más me entusiasmó. También desde el punto de vista narrativo. El relato, la forma en que Toth compone el cuadro, es la que tomé yo. La página dividida al medio, una base de tres o cuatro tiras generando secuencias que acentúen el parentesco, que yo le veo a la historieta, con el cine. Eso lo hacia Toth, yo lo vi por primera vez en él. Lo tomé, y aún hoy lo sigo manteniendo, con algunas variaciones.

Ya que hablamos de gustos ¿Cuál es el género en el que se siente más cómodo al dibujar?

El policial sin duda. Si es posible en Nueva York en los años 30, es donde me siento más cómodo. Creo que el hacer Savarese tantos años –es el trabajo más largo que hice– marcó mi estilo. Marcó mi manera de contar.

jueves, 8 de diciembre de 2011

“Marcel Clouzot, el Condenado” de Guillermo Saccomanno y Domingo Mandrafina


Con el título de “Marcel Clouzot, el Condenado” la editorial Historietas Argentinas de Javier Doeyo publica en álbum un relato autoconclusivo de la extensa serie “El Condenado”, el capítulo: “Los Hombres de Carol”, en un libro de 128 páginas, con un prologo deClaudio Díaz.

Con guión de Guillermo Saccomanno y dibujos deDomingo "Cacho" Mandrafina, “El Condenado” se publicó originalmente en Skorpio de Ediciones Recordentre 1978 y 1985, posteriormente continuó realizándose para Francia. En el inicio de la segunda etapa de Fierrose recuperaron parcialmente algunos capítulos inéditos en español de la saga. “El Condenado” marcó junto a“Savarese”, el inicio de la brillante consagración como dibujante de "Cacho" Mandrafina, hoy con cuarenta años cumplidos de profesión.


El novelista Guillermo Saccomanno surgió en los setentas como uno de los guionistas de cómic argentinos más prometedores de su generación, gran amigo deCarlos Trillo y además compañeros en la reflexión crítica sobre historietas y en la aventura editorial de la revista “Puertitas”. “El Condenado” es su obra más ambiciosa y mejor lograda, un autentico clásico de la historieta contemporánea con toda la humana atmosfera de la más sórdida novela negra y un merecido rescate editor para el talento de Guillermo Saccomanno, hoy volcado a la literatura.

El lector de historietas: “Marcel Clouzot, el Condenado” de Guillermo Saccomanno y Domingo Mandrafina

miércoles, 16 de noviembre de 2011

jueves, 20 de octubre de 2011

CACHO MANDRAFINA: CUATRO DECADAS DE HISTORIETA

ENTREVISTAS > CACHO MANDRAFINA: CUATRO DECADAS DE HISTORIETA

El rostro de la aventura

Discípulo directo de Alberto Breccia, dibujante de guionistas como Trillo y Saccomanno, hacedor de personajes como Savarese y El Condenado, Domingo “Cacho” Mandrafina lleva más de cuatro décadas viviendo de un oficio que desde el primer día creyó que se iba a extinguir. Ahora que la revista Fierro en su número aniversario acaba de editar completo su último trabajo junto a Carlos Trillo, Mandrafina recorre su carrera, que permite reconstruir la larga evolución de ese fin que, por suerte, nunca llega.








Por Martin Perez

El clima, la narración y la interpretación del guión. Esas tres cosas son las que decide el dibujante en una historieta. Porque la historia, por supuesto, es del guionista. Los diálogos, también. Pero el director de esa historia –de esa historieta– es el que la planta sobre el papel. Y es, por lo tanto, el que decide cómo hay que contarla. Si hay que acortar o alargar una secuencia, o si hace falta agregar o sacar un cuadrito. Todo, por supuesto, al servicio del relato. Porque, si bien un guión de historieta nunca debe ser como un guión de cine, el director de la película es, sin dudas, el dibujante. Y uno de los mejores directores-de-historieta que hay en ese semillero del género que es la Argentina, Domingo “Cacho” Mandrafina, es quien explica de esta manera, y mejor que nadie, lo más importante de un oficio del que vive desde hace ya más de cuatro décadas. Aunque asegura que no le interesa la docencia, el coautor de personajes míticos como Savarese o El Condenado asegura que dibujar, dibujamos todos. Al menos en nuestra infancia. Y un dibujante profesional, se podría decir, es simplemente alguien que lo sigue haciendo cuando los demás dejan de hacerlo. Para Mandrafina, según confiesa, dibujar siempre fue algo natural. Lo que tuvo que aprender es a contar. Y el que le enseñó cómo hacerlo fue nada menos que el mítico Alberto Breccia, que aunque supo ser su profesor durante un lapso bastante breve, fue quien le devolvió la pasión por la historieta como para dejar de lado su trabajo en un estudio contable, y soñar con convertirse en un profesional. “La frase de que un dibujante es como un director de cine, es cien por ciento suya: directamente del maestro al discípulo”, asegura con una sonrisa un historietista que casi se podría decir que nació siendo un clásico, con sus claroscuros, sus climas y los rasgos de sus personajes. Y que, después de cuarenta años en los que ha trabajado con los guionistas más importantes de Oesterheld para acá y en todas las revistas que fueron sinónimo del medio, lo sigue siendo. Un clásico que piensa siempre antes en lo que está contando que en lucirse con el dibujo, y en el lector y la historia antes que en cómo sale en la foto. Algo que demuestra magistralmente en La guerre des magiciens, la saga que actualmente está realizando para Francia con guión de Carlos Trillo y Roberto Dal Pra’, cuyo primer y hasta ahora único tomo, titulado Berlín para su publicación por la editorial francesa Delcourt, acaba de ser publicado en la revista Fierro bajo el nombre de “El tiempo del mal”. “Por suerte Carlos alcanzó a ver publicado el primer tomo en Francia”, asegura Mandrafina con una sonrisa, recordando con cariño al amigo de más de tres décadas, recientemente fallecido. Pero refiriéndose en realidad a su legendaria lentitud a la hora de terminar con sus trabajos, algo que también lo ha acompañado durante toda una vida de dibujante clásico, un historietista esencial dentro de la historia del género en estas tierras que parecen, de manera inverosímil e inexplicable, según se sorprende aún hoy el generalmente pesimista Cacho, seguir necesitando historietas.

LA CAMISA Y LA CAMISETA

Cuando habla de Alberto Breccia, a Mandrafina se le iluminan los ojos. “Para mí, era un tipo extraordinario”, asegura Cacho, que reconoce que era duro, e incluso podía llegar a ser demasiado cáustico como docente. “Pero su capacidad para transmitir conocimientos era notable”. Hasta que lo conoció, Mandrafina pensaba que los tiempos de la historieta se habían acabado. Algo lógico para un joven que había crecido expuesto a la edad de oro del género como lector. Criado en pleno centro de la Capital, en Carlos Pellegrini y Arenales, en una manzana que ya no existe porque se fue demolida para hacer lugar a la 9 de Julio, Cacho recuerda que, aunque su padre no terminó la primaria, leía todo lo que caía en sus manos. Y le enseñó a hacerlo, a los 3 o 4 años, leyéndole “Chapaleo”, la historieta de Eduardo Ferro que salía en La Razón. Así fue como creció siendo un fanático del papel impreso, y de la historieta, recordando con cariño incluso revistas como El Tony Semanal y El Gorrión. No es casualidad que para él, aún hoy, la historieta se tiene que leer como se leía entonces, como se leyó siempre por estos pagos: en revistas que compilen historias y dibujantes diversos. “En vez de hacer como muchos de mis amigos, que era lo primero que leían, siempre guardaba mi preferida para el final”, asegura Cacho, que cuenta que no sabía nada de firmas, pero que nada casualmente sus preferidas eran las ese gran renovador de la historieta que fue el norteamericano Milton Caniff, y su discípulo Harold Robbins. Y que la gran historieta de la época, sin dudas, fue el “Sargento Kirk”, dibujada por el mejor discípulo de Caniff más allá de las fronteras de los Estados Unidos: el italiano Hugo Pratt, en ese entonces afincado en Buenos Aires. “No teníamos ni idea, pero algo debíamos saber, para elegir entre las historietas del oeste justo a la que se hacía acá”, dice al referirse a la historieta que comenzó publicándose en Misterix, y luego en Frontera, con guión de Oesterheld. Cuando se le pregunta qué quería ser entonces, de chico, Mandrafina asegura que ya desde entonces quería ser dibujante de historietas. Pero que terminó abandonando su lectura cuando fue creciendo, y buscando otros destinos en la vida. Pasó a leer policiales, recuerda, y empezó sus estudios. “Seguía dibujando en los apuntes, pero no pasaba de garabatos como los que uno puede hacer en un papel cuando habla por teléfono”, señala. Cuando decidió dejar de engañarse y volver al dibujo, al cumplir veinte años, pensó que la historieta estaba acabada. Y no le faltaba razón: la época de oro había terminado, y aún no había comenzado su rescate. “Por entonces se buscaba rebautizarla”, recuerda Mandrafina. “Breccia decía que así como estaba la camisa y la camiseta, estaba la historia y la historieta. Que con el propio nombre se la minimizaba. Por eso en aquel entonces era que empezaban a decirle cosas como Literatura Dibujada”. Aun sin dejarse tentar por semejantes revisionismos –“siempre me gustó decirle historieta”, confiesa con una sonrisa–, fue conocer a Breccia y que el género de su infancia le volviese al cuerpo. Por entonces, el maestro estaba mudando de piel, dejando atrás su época clásica y empezando a experimentar con collages, una mutación cuya bisagra fue las apenas tres magistrales páginas de Richard Long, que realizó con Oesterheld. “Siempre decía que era un guión más largo, y que él lo había resumido”, revela Mandrafina. Y agrega, revelando sus gustos clásicos, y su carácter de orgulloso alumno de Breccia, sí, pero de este lado de los experimentos: “Me encanta, pero para mí gusto se pasó, y le quedó apenas un resumen”.

LOS ARCOS DE LA VIDA

Al recorrer las más de cuatro décadas de Mandrafina dentro del género, es posible resumir la historia de la historieta local luego de la época de oro. Porque sus primeros trabajos fueron para Patoruzito, donde dibujó cosas menores como el gol número 1000 de Pelé, pero su primer logro fue empezar a colaborar con Columba, la editorial que encarnaba la industria local del género, bajo la guía del director editorial Antonio Presa. “Nuestro lector compra la revista en Once y le tiene que durar hasta Moreno”, recuerda Mandrafina que resumía Presa a sus productos. Por entonces, a comienzos de los ‘70, Columba era la editorial del establishment, y para no arriesgarse a tener que dibujar historias con las que no se sintiese de acuerdo, Mandrafina arrancó trabajando para Intervalo, la revista de la editorial orientada hacia el público femenino. “Presas me dio mi primera lección, el día que rechazó mis primeras muestras”, recuerda Mandrafina. “Yo era fanático de Del Castillo, el preciosista dibujante de “Randall”, y él me dijo que dibujando así me iba a morir de hambre, porque no iba a terminar nunca las páginas.” Con el trabajo en el estudio contable abandonado para trabajar junto a Lito Fernández, uno de los dibujantes del momento, Mandrafina comenzó a conocer ese mundo. “En Columba se pagaba religiosamente el cuarto martes de cada mes”, recuerda. “Así que durante ese fin de semana no te podías encontrar con nadie: estábamos todos encerrados tratando de terminar como sea todas las páginas posibles, para cobrar unos mangos más.” Ascender en Columba significaba pasar al color: “A nadie le gustaba, porque era un color horrible. Pero se cobraba casi el doble”. Y la cumbre era la serie, algo que logró con la inolvidable “Savarese”, con guiones de Robin Wood, la estrella de la editorial. “Desde el comienzo supimos que íbamos a recorrer todo el arco de vida de un personaje, desde la juventud hasta la adultez, así que como modelo tomé a un dibujante al que veía todos los días, Rubén Marchione”, revela. Ante el peso de la tradición que imperaba en Columba, la aparición de la editorial Record y su revista Skorpio significaron un alivio para el mundo de los dibujantes. Para ellos, Mandrafina haría su otra serie inmortal, “El Condenado”, junto a Guillermo Saccomanno. “Si para Savarese, Wood se inspiró en El Padrino, acá la inspiración fue Papillón”, confiesa Mandrafina, que junto a Saccomanno está tratando de revivir un personaje que nunca dejaron de hacer durante mucho tiempo. A pesar del trato más familiar, tanto Columba como Record mantenían costumbres que hoy serían impensables, como retener los originales de los autores, quienes perdían todo derecho sobre los mismos. Por eso es que Mandrafina no tiene ni un dibujo de aquellas primeras épocas. “Lo único que tengo es el original de una página de ‘Savarese’, doblado al medio”, cuenta. “Me lo trajo de regalo el negro Gustavo Trigo al volver de un viaje a Europa. Lo debe haber descubierto en algún lado, lo dobló y lo rescató”, explica Cacho, que dejó de dibujarlo cuando cerró Columba, luego de la hiperinflación de fines de los ‘80. “Igual ya se había medio agotado la historia, porque el arco temporal del personaje se había completado”, aclara, y revela que sigue en contacto con Wood, ya que cada tanto negocian una reedición. “Lo volvería a dibujar, ¿por qué no? Pero esos contactos son cada vez más esporádicos.”

EL MUNDO SIN COLUMBA

Si en la historieta son los personajes los que aseguran la inmortalidad de un autor, la vitalidad suele estar en otro lado. Y más durante los ‘80, una época en que empezó a inventarse el concepto de comic de autor. Así que si Mandrafina tal vez se haya asegurado un lugar en la historia por sus personajes, como Savarese o El Condenado, su momento más vital fue cuando se juntó con Carlos Trillo, y empezaron a publicar las obras de su propia época de oro, que nada casualmente vieron la luz en una nueva editorial, a tono con esos nuevos aires, De La Urraca. “Las propias revistas te alentaban a intentar otras cosas, porque eran diferentes”, explica Mandrafina, refiriéndose a revistas como SuperHumor, conceptualmente diferentes a Skorpio o El Tony. Junto a Trillo, Mandrafina asegura haber descubierto una veta nueva, cercana a la ironía. Aquellas metahistorietas comenzaron de manera admirable, con la serie muda, cuyo puntapié inicial fue un guión sobre un mago, que Trillo en realidad escribió originalmente para Killian. “Cuando me lo mostró, recuerdo haber pensado: qué bueno que no tengo que dibujarlo yo. ¡Porque iba a dar mucho trabajo!”. La comedia kafkiana de aquellos guiones irremediablemente remitían al lector al estado de las cosas: fin de la dictadura, cosas que no se podían decir pero estaban empezando a decirse. “Pero nunca fue algo explícito”, asegura Mandrafina. “Nunca nos sentamos a decir: hablemos ahora de la censura. O de los desaparecidos. Claro que lo que sucedía a nuestro alrededor terminaba apareciendo. Incluso nosotros lo terminábamos viendo en lo que hacíamos. Nos dábamos cuenta, no éramos ingenuos. Pero no eran cosas que poníamos ahí a conciencia”. Si Columba vivió con el mercado interno, y Record nació vendiendo las historietas a Europa, cuando la hiperinflación barrió con todas las editoriales locales, los dibujantes y guionistas más conocidos siguieron trabajando, pero directamente con las editoriales europeas. Y ese cambio es el que, para Mandrafina, explica que la calidad, libertad y ambición hasta entonces siempre ascendente de sus trabajos –de “Savarese” a “El Condenado”, y de ahí a sus trabajos con Trillo haya encontrado una meseta. “Cuando dejamos de trabajar para acá, algo se perdió”, calcula. “Recuerdo la sensación que me producía cuando me iba en tren a mi casa en Padua, y al lado mío alguien leía una historieta que yo había dibujado un mes atrás. Y eso fue algo que no sentí más”. Convencido de que para que haya historieta tiene que haber editoriales, un Mandrafina que confiesa que ya no lee historieta asegura que por las nuevas generaciones de dibujantes locales, que siguieron el oficio casi a la intemperie, sin editoriales grandes dándoles trabajo y autoeditándose si era necesario, sólo tiene admiración. “Siempre digo que el mundo estuvo más tiempo sin historietas que con ellas, así que debemos ir acostumbrándonos a que algún día ya no estarán más. Pero al mismo tiempo me sorprendo cuando no deja de acercarse gente con ganas de mostrarte sus dibujos. Hay que aceptarlo, éste es un arte popular. Y mientras exista esa necesidad, mientras haya gente con ganas de dibujarlo y ganas de leerlo, no va a desaparecer”.

Página/12 :: radar

viernes, 14 de octubre de 2011

FIERRO 5 años

He comprado la revista Fierro solamente cuando publican a Mandrafina... Y lo que publican es excelente!
Es un poco gracioso que hagan eso, es como tenerlo al maestro siempre "a la mano" para cuando hay una ocasión especial que deben vender muchos ejemplares. Todo se me hace muy bizarro.

Pero en fin, espero nadie se pierda mañana Sábado este ejemplar donde van a poder ver cosas nuevas de Mandrafina. Está su más reciente forma de dibujar (sin el plumín con línea gruesa, que tanto extraño) y reforzado con un excelentísimo color con acuarelas... Una delicia visual.

Espero la historia lo acompañe.







FIERRO 5 años.avi - YouTube

lunes, 3 de octubre de 2011

Marcel Clouzot el Condenado via Doedytores


Via http://www.tintadehistorieta.com.ar me llega esta hermosa noticia que no podemos inadvertir quienes somos fanáticos del maestro Mandrafina!

Ya lo habian adelantado hace un tiempo, ya ahora tiene fecha de salida. La editorial que capitanea Javier Doeyo anuncio que durante el mes de Octubre saldra a la venta la novela grafica del Condenado, personaje creado por Saccomano y Mandrafina. 

"Marcel Clouzot es El Condenado.
Evadido de Cayena (la prisión francesa de ultramar), y más tarde borrachín, estibador, marino, chofer, guardaespaldas y matón… Su historia es la historia en primera persona de un hombre solitario que escribe y nos cuenta así sus recuerdos, desventuras, amores, aciertos y fracasos, mientras regentea su bar, el Sweet Sodome, en compañía de un pianista y un ayudante…
 
Personaje nacido de la pluma del premiado escritor Guillermo Saccomanno, y magistralmente retratado por Domingo Mandrafina, El Condenado se publica por primera vez a finales de los 70 en la revistaSkorpio, luego pasa por la Fierro en los comienzos de su segunda etapa, y finalmente es rescatado aquí para poner en manos de los lectores una historia inédita en castellano de este clásico de la historieta argentina con más de 20 años de realización casi ininterrumpida.
 
En esta ocasión, Clouzot escribirá la historia de Carol y de sus hombres. Vívidos recuerdos de sus años anteriores al bar… Aquella época en que fue chofer y matón de una puta de la alta sociedad. Aquella época en que casi tuvo una familia. Aquella época que se resiste a olvidar....

El Condenado, 128 páginas con una novela gráfica inédita titulada Los Hombres de Carol, un capítulo introductorio a la serie, un prólogo con la historia del personaje escrita por Claudio Díaz  y un bonuscon una aventura de la época en que Clouzot era marino y contrabandista..."

A la venta desde el 10 de octubre. 
Oferta lanzamiento: $ 40.-

Introducción.
Vuelve El Condenado: primera página del capítulo donde se re inicia la historia...

La novela gráfica.
Clouzot; chofer, secretario y matón de la distinguida Carol.

El discreto encanto de arreglar todo a la tremenda, aún cuando no quiera...

El bonus.
Clouzot, joven contrabandista recién evadido de Cayena...

domingo, 10 de abril de 2011

La Guerra de los Magos

Me acabo de enterar que Cacho Mandrafina y su eterno compañero de aventuras (Carlos Trillo) han hecho realidad un album nuevo en Francia.


Se trata de "La Guerre des Magiciens" y está dibujado con la excelencia del maestro. Esta vez el color está con acuarelas y queda muy, pero muy bien (para mi gusto al menos)

Los dejo sin más con el sitio de la noticia (NOTA: si no se ven las imágenes al entrar, esperar que cargue todo y volver a presionar F5 para refrescar la info, ya que las imágenes se toman de la web editorial en Francia)

http://siguealconejoblanco.com/comics/2011/03/la-guerra-de-los-magos-de-carlos-trillo-y-domingo-mandrafina/